Una historia.

Un hombre caminaba por una playa desierta. A su derecha, el sol comenzaba a ponerse, lanzando sus últimos rayos de luz sobre el mar. El cielo estaba libre de cualquier nube, liso y aterciopelado con los colores del atardecer. La sombra del hombre se alargaba sobre la arena, convirtiéndolo en un alienígena de largas extremidades.

El hombre caminaba despacio; en una mano llevaba una larga rama delgada con la que picaba la arena a su paso. De lejos, parecía un hombre cualquiera, un hombre aburrido que salía a dar un paseo para despejar su ocio antes de regresar a casa a cenar. Sin embargo, este hombre no había tenido una cena en mucho tiempo. Estaba extremadamente flaco. A través de su camisa sucia y raída, se podían ver sus costillas y clavículas; la piel de su rostro se estiraba y hundía en las cuencas de sus ojos oscuros. Tenía el aspecto de un hombre listo para la tumba.

La rama le ayudaba a dos cosas: la primera, a no caer: la segunda, a buscar cangrejos ocultos en la arena. Era lo único que se le ocurría que podría servirle de alimento; las provisiones que había encontrado hace unos meses se habían agotado hace dos semanas. Después de eso, había logrado sobrevivir racionando cuidadosamente el agua que llevaba. Pero incluso eso comenzaba a agotarse. Si no encontraba una fuente de agua pronto, o antes de que desfalleciera de hambre, sería su fin.

Así que el hombre continuó picando la arena, caminando despacio, paso a paso. No tenía idea de como atraparía un cangrejo dado su estado tan débil, pero decidió no pensar en ello. Lo más seguro es que ni siquiera encontraría uno. Los crustáceos habían sido de las últimas especies en ser atacadas, pero incluso a ellos les llegó su turno. Era muy probable que no quedara ni un cangrejo o molusco en aquélla costa. Vaya, era probable que no quedara ni uno en todo el planeta.

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Deseos y objetivos.

Ha iniciado un nuevo año, y cientos de personas alrededor del mundo tienen propósitos nuevos para el 2016; es fascinante ver el efecto que causa un simple cambio de página en el calendario.  Para algunas culturas esto es un ritual de transición de un significado mucho mayor, incluso religioso; para otros, es una fecha para establecer nuevos objetivos …o mas bien, los mismos objetivos que el año anterior, sólo que está vez “es la buena”.

Deseos y objetivos como tener más dinero, una pareja, bajar de peso y tener salud se vuelven la motivación de todos los días durante las primeras semanas del año pero, por alguna razón, se considera que si algo no se logra en los primeros meses del año, se ha fracasado, y hay que esperar al siguiente 31 de diciembre para volver a intentarlo.

¿Y ustedes como saben que llegaran al siguiente año?

Para miles de personas en el mundo, nuestro país incluido, no hubo diferencia entre el 31 de diciembre del 2015 y el 1 de enero del 2016. La pesadilla con la que durmieron es la misma con la que despertaron. La misma pobreza, la misma sed, la misma muerte. No es necesario estar en guerra; las leyes del azar pueden convertir cualquier instante en una batalla por sobrevivir.

Las personas con lujos (agua y comida) vivimos a la espera de sucesos importantes para marcar un cambio, llámese el Año Nuevo, el cumpleaños, el equinoccio de primavera, etc. En realidad todos los días son un suceso importante: es el día en el que morimos.

Las leyes del azar están en todas partes: en el camino a tu trabajo (ese que odias), en el restaurante, en tu casa, en el cine. Miles y miles de posibilidades se entremezclaron para hacerte llegar a este mundo, y, de igual manera, con cada paso que das, cada decisión que tomas, se siguen combinando posibilidades que en algún momento convergerán en tu muerte.

Cuando a alguien le dan la noticia que le queda poco por vivir, en muchas ocasiones dicha persona empieza a realizar todo lo que siempre quiso hacer, bueno o malo.

Encuentra los recursos.

Cambia de carácter.

Obtienen toda la voluntad del Año Nuevo, pero sin la misma fecha de caducidad.

Las gurúes motivacionales dicen frases como “Vive este día como si fuera el último”, “Vive como si no hubiera un mañana”. Nunca dicen “Hoy morirás”, “Mañana no despertarás”. Porque no es bonito. No suena motivacional. Pero el mensaje es el mismo.

En un país donde el “empiezo el lunes” le sigue en frecuencia al “Virgencita ayudame por favor”, nos hace falta la motivación de la muerte y la incertidumbre.

Cada quien puede vivir como le de la gana (siempre y cuando no dañe a otros): echando flojera, trabajando, de viaje, tragando, como sea. Lo que no es válido es decir que se hará algo y luego no hacerlo, aludiendo a mil razones. Los obstáculos existen, pero los recursos también. Sólo cuando se hayan agotado esos recursos es válido decir “no se pudo”.

Porque “amor” y “odio” son casi lo mismo

El Tren del Mame: Salida del andén

Mi último cuento escrito fue “El castigo”, un relato de fantasía basado en los animales de nuestro escudo nacional, el águila y la serpiente. Lo escribí para una tarea en tercero de secundaria, lo reedité en segundo de preparatoria, y ganó una mención honorífica de la UNAM en uno de sus tantos concursos de cuentos.

Después de eso, la única otra historia digna de mención que he escrito es “Voto de Silencio”, un cortometraje realizado como práctica de producción audiovisual durante el 7º y 8º semestre de mi carrera. En él, un sacerdote de la iglesia católica intenta hacer algo por los crímenes que escucha en confesión, sin romper sus votos de secreto.

Tras ese guión, he intentado volver a escribir algo de valía. Ideas vienen, las sopeso, las desarrollo un poco, escribo unas páginas, creo personajes; pero después de unos cuantos párrafos, la adrenalina de la escritura se desvanece, y lo que al inicio parecía la mejor idea literaria del año de pronto parece el parloteo por escrito de un niño de 5 años.

He buscado y rebuscado en mi cabeza la causa de este freno. No lo llamo “bloqueo” porque no hay un impedimento para empezar a escribir, sino algo que me detiene súbitamente una vez que inicio. Tras varias hipótesis (desilusión en la vida y el Universo, el trabajo, el Título, falta de Musa) erróneas, creo que por fin he dado con la razón de este “freno”:

He estado escribiendo con la idea de vender.

Vivimos en una época en la que si eres bueno en algo, deberías venderlo. ¿Porqué? Pues para ganar dinero, ¿para qué más? Y si no logras venderlo, entonces no eras tan bueno como creías. Y si eso que haces no te ayuda a ganar dinero, entonces es una pérdida de tiempo. O un pasatiempo. Será lo que sea menos algo “serio”.

Ya sé lo que piensan: “¿y qué? ¡sólo hay que hacer lo que te gusta, el dinero no importa!”. Pensar así es sencillo cuando el refrigerador está lleno y alguien más paga las cuentas; es más complicado cuando llega la hora de pagar la renta y hay menos de $1000 en tu cartera. Cuando esos momentos llegan, deseas que la pasión de tu vida fuera hacer cuentas, tapar muelas o barrer pisos, por que no es lo mismo vender un servicio, que vender ideas. Antes de que el autor tenga nombre por sí mismo, el único factor de venta de una historia es que le agrade al editor y al público.

Entonces ahí se estanca uno, cuando al escribir surge la pregunta ¿se venderá esta historia? ¿le agradará a algún editor? ¿y al público? ¿estaré perdiendo el tiempo al no tener ningún talento vendible? Tales preguntas hacen que uno cierre el editor de texto y se ponga a buscar ofertas de trabajo. De ser posible, relacionadas con la escritura. Si no, pues de las otras cosas que también sabe hacer. Y mientras se está en eso, las pocas habilidades de escritor que uno tiene se oxidan poco a poco. Un buen día, se habrán convertido en polvito rojo.

En estos momentos es ya el 31 de diciembre del 2015. Queda menos de un día para que inicie el año 2016. He decidido que este año escribiré. Historias, guiones, ideas, chistes, críticas, incluso berrinches debidamente estructurados. Echando aceite en las habilidades, para que no se oxiden. No me preocuparé si el producto final es vendible porque, como dice uno de mis ídolos vivos:

“Si quieres ser un escritor, debes hacer dos cosas por encima de todas las demás: leer mucho, y escribir mucho”.

FIN.